Viña Puebla Selección 2010, «La Roja» de los vinos

Coupage de Cabernet sauvignon, Tempranillo, Garnacha y Syrah. 
Fermentado durante 6 meses en 93 barricas nuevas de roble. 29210 botellas.

Visitar la Comarca de Matanegra, en la provincia de Badajoz, es hacerlo a una zona en la que mandan las chacinas extremeñas (donde el jamón de bellota es la estrella) y los vinos de Bodegas Toribio. Estos vinos se pueden encontrar con gran facilidad en cualquier establecimiento de las localidades que conforman la comarca con Zafra como punta de lanza. Y eso habla muy bien de la labor de marketing que realiza esta bodega. Parece lógico pensar que si uno crea sus vinos en esa zona tenga una distribución importante en la misma. Pues esta lógica no es la que desgraciadamente impera en buena parte de nuestro país. Es triste ver como en lugares en los que se hacen buenos vinos, éstos no se pueden encontrar en muchas cartas de los restaurantes o en las tiendas de la zona. Por eso nos gusta ver cómo personas que realizan un gran producto luchan para que éste se pueda adquirir sin problemas en la zona en la que se confeccionó. De esa forma, a la vez que se lleva a cabo un negocio legítimo se promociona un producto de la región con la consiguiente creación de valor añadido. Nos preguntamos por qué algunos bodegueros no hacen lo mismo en otras zonas de España acabando con el duopolio Rioja- Ribera del Duero, soniquete que cada día nos molesta más a los amantes de la diversidad de vinos con la que contamos en España. Son ellos mismos los que deberían «educar» al público-consumidor sobre los vinos que elaboran para que estas personas sepan que la oferta de vinos es inmensa en nuestro país. No entendemos que muchos de estos bodegueros hayan renunciado a competir en un mercado abierto.

Ese complejo no lo parecen tener en Bodegas Toribio. Para comprobarlo sólo hay que visitar localidades como La Puebla de Sancho Pérez o Zafra y contemplar cómo las barricas de madera de Viña Puebla decoran multitud de bares y restaurantes y los vinos de la empresa se encuentran en todas las cartas y tiendas de vinos de la zona.

En el artículo de esta semana nos vamos a detener en uno de sus vinos, el Viña Puebla Selección 2010.

Notas a vuelapluma sobre un vino excepcional.

Lo primero que se nos ocurre decir de este vino es que es uno de los mejores en su categoría. Se podría decir que en relación calidad-precio su nota es de sobresaliente. Hay pocos vinos tan ricos y con tantos matices por debajo de los 10 €. Nada le tiene que envidiar a gran cantidad de vinos de superior precio, es más, supera a muchos de ellos. Y lo mejor de todo es que hemos probado dos añadas distintas y el vino es excepcional en ambas, lo que habla muy bien de la labor de su creador.

Al servir el vino en la copa observamos que tiene un intenso color rojo rubí con ribetes violáceos.

En nariz se conjugan a la perfección los intensos matices a frutas maduras con los dulces a vainilla y café  de puchero que provocan la madera. Para los que les gusta ir más allá, diremos que se aprecian aromas minerales como el grafito. La armonía es la que prevalece en la fase olfativa. A medida que el vino se va oxigenando gana en matices golosos que nos provocarán seguir deleitándonos.

En boca comprobamos lo que ya se nos anunciaba en nariz: pura armonía plena de matices, equilibrio y suavidad a la vez que una gran personalidad. Es un vino potente, pleno de sedosidad, complejo, y muy goloso. Se percibe que se podrá conservar en plenitud durante bastante tiempo. Es un vino largo que a cada sorbo nos irá dando nuevas informaciones. Un gran vino, sí, señor.

Pensamos que es un vino perfecto tanto para tomar con unas tapas de carnes y embutidos ibéricos como para acompañar a todo tipo de guisos de carne y de legumbres. Tampoco le van nada mal las carnes rojas, o unas buenas salchichas alemanas o centroeuropeas.

Disfruten de este gran vino elaborado a partir de una selección de las mejores uvas de los viñedos de la zona de Matanegra que con tanto mimo selecciona Fernando Toribio, el Vicente del Bosque de la vinicultura, si se nos permite la boutade.

Salud y vinos.

Un paseo por Bodegas Pedro Romero descubriendo el marco de Jerez

Hace pocas fechas tuvimos el placer de realizar un viaje recorriendo la provincia de Cádiz casi en su totalidad, pudiendo disfrutar largamente de sus preciosas sierras y playas, de sus variados parques naturales, y de sus tranquilos y cuidados pueblos y ciudades. Hubo alguna excepción un tanto desagradable pero a grandes rasgos todo resultó muy placentero. Contemplamos con sumo agrado el cuidado y mimo con el que los vecinos de los Pueblos Blancos conservan su bello patrimonio arquitectónico y natural; nos extasiamos recorriendo a pie los lugares más recónditos y bellos de los parques naturales de la Sierra de Grazalema y de Los Alcornocales; y nos dejamos seducir por el cariño y la hospitalidad de las gentes de Cádiz, de Sanlúcar de Barrameda, de Ronda (provincia de Málaga), de la Bahía de Cádiz, y de toda la franja que va desde Conil de la Frontera hasta Tarifa.

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Madre del Agua 2010, ¡Madre de Dios!

Coupage de 1+3: 70% Garnacha Tintorera, 10% Garnacha Común, 10% Cabernet Sauvignon, y 10% Tempranillo. 9 meses de crianza en barricas nuevas de roble francés y americano. 15 meses en botella.

Sí, amigos, la expresión del título de este artículo es la que usamos cuando probamos este vino genial durante la cata que nos regaló su autor, Fernando Toribio, en su domicilio, y a la que hacíamos referencia en el post anterior. Allí os decíamos que la belleza se podía encontrar hasta en el «simple» hecho de degustar un gran vino. Y lo mantenemos, puesto que durante esos instantes tan gratos sentimos sensaciones indescriptibles que nos llevaron a emocionarnos junto a Fernando, al que conocíamos sólo de referencia, y al que descubrimos durante los tres días que compartimos con él en la magnífica Comarca de Matanegra, en la provincia de Badajoz. Toribio es, simplemente, un artista. Creemos que una persona que es capaz de hacer vinos tan buenos y variados no merece menos que ese título. Perdonadnos el «síndrome de Estocolmo» que padecemos, pero nos ha ganado para la causa. Y lo ha hecho porque en ningún momento ha usado la falsa modestia ni la arrogancia. Él sabe que hace grandes vinos pero no se jacta de ello como hacen otros, que sin llegar, ni por asomo, a sus cotas, hablan como si el vino lo hubieran inventado ellos. Por eso definimos a Toribio como «orgullo y pasión extremeño» ; da valor a lo que hace sin caer en pedanterías. Se nota que vive para hacer buenos vinos y eso se transmite a sus creaciones, tanto en Bodegas Toribio como en Pago Los Balancines. Es autor, entre otros, de la saga Huno, del divertido Crash, y del reverenciado Salitre, que es la única de sus creaciones que no hemos podido probar aún, y que dedicó al músico Quique González.

Madre del Agua es un capricho. Su nombre está inspirado en el poema «Madre Agua» del poeta madrileño Juan Vicente Piqueras. Probarlo es un lujo al alcance de todo el mundo, puesto que su precio no es prohibitivo. Desde nuestro punto de vista es el mejor vino extremeño que hemos probado hasta la fecha y uno de los mejores de los que se realizan en nuestro país, y eso son palabras mayores.

Probemos esta delicia.

Al servir el vino en la copa observamos que tiene color cereza con ribete granate y una lágrima persistente que llena el cristal. Es un vino de capa alta. Antes de desnudarlo ya nos han gustado sus ropajes.

En nariz es un vino complejo que conjuga los toques dulces y cremosos a vainilla y a torrefacto que le aporta la madera con los matices especiados y a mermelada de frutas rojas que al rato se vuelven licorosos y muy sensuales.

En boca es muy potente y sabroso, predominando los toques golosos combinados con las frutas negras que al final se van haciendo licorosas y muy agradables. Tiene gran amplitud y un gusto final tan redondo que uno no quiere que se acabe jamás esta ambrosía. Ni que decir tiene que el equilibrio es perfecto, con una acidez adecuada. Dan ganas de fumarse un habano pausadamente mientras se degusta esta joya. Recomendamos este vino para una larga y tranquila conversación junto a amigos de verdad, o para compartir momentos románticos con esa persona especial. Abstenerse insensibles y acelerados.

Consideramos que Madre del Agua no necesita alimento alguno para ser acompañado aunque le pueden ir muy bien las carnes y embutidos ibéricos, los quesos golosos, guisos extremeños como la carrillera o la caldereta de cordero, así como algunas pastas, tanto las que se hierven con sal, como las dulces.

Como podéis ver, nos hemos enamorado de este vino hasta las trancas. Sabemos que su creador nunca nos defraudará haciéndonos sufrir mal de amores.

Si alguien osa decir que no le gusta este néctar que vaya eligiendo padrinos y armas y nos batiremos en duelo al amanecer.

Disfrutad de este grandioso vino. A pesar de la que está cayendo aún hay cosas bellas por las que merece la pena seguir adelante.

Salud, y hasta pronto.

Honoro Vera 2010. El honor fue nuestro

Honoro Vera 2010. Garnacha 100%. 4 meses de crianza en barricas. Bodega Ateca.

El artículo de esta semana versa sobre un vino que nos ha dado muchas alegrías en los últimos meses y una gran decepción en los últimos días. Para conocer la razón de este comentario tendréis que leer el post hasta el final. Esto es lo que se llama en el argot «un cebo». Seremos buenos e iremos al grano que sabemos que el tiempo de cada uno de vosotros es oro.

Comencemos con la parte positiva de nuestra particular cata. Se trata de Honoro Vera 2010, primera añada de este espectacular vino, teniendo en cuenta los poco más de 5€ que cuesta la botella. Lo primero que llama la atención es su intenso color rojo picota con derivaciones granates. El vino tiene una lágrima potente que deja la copa impregnada de toques glicerinosos. Cuando nos acercamos la copa a la nariz se nos abre todo un universo sensorial pleno de matices, entre los que destacan intensos aromas a especias de todo tipo, tanto dulces como picantes, toques a frutas del bosque que evolucionan hacia la compota, y sobre todo, unos increíbles aromas a chocolate, vainilla y café que confluyen en una sensación tostada que aporta la madera. Pero el éxtasis al estilo de Santa Teresa llega cuando nos llevamos el vino a la boca y comienza el flipe (perdonadnos la expresión, pero tenemos que comenzar a abrir mercado). Es un vino muy goloso por su intenso sabor a bombón de chocolate relleno de frutas; es a la vez contundente por sus toques especiados, muy equilibrado y aterciopelado, con una acidez controlada, y la cantidad justa de taninos. Nos deja un final largo e intenso que nos prepara para la siguiente embestida a la copa. Es de esos vinos con los que es dificil no pasarse en su consumo, por tanto moderación oriental, que queremos seguir contando con vosotros como lectores del blog. 

Consideramos que combina perfectamente con carnes a la parrilla, estofadas o asadas, así como con quesos de cabra con pimentón, o foie. Y se nos ocurre que no tiene que estar nada mal con un buen cocido madrileño (o el que sea, según vuestra localización geográfica o gustos).

Por desgracia, no podemos decir lo mismo sobre la nueva añada de este vino, la de 2011. El Honoro Vera 2011 de Bodega Ateca, que forma parte del grupo Oro Wines, no se acerca ni por asomo a la espectacularidad de su hermano mayor. Es un vino joven que ha perdido la crianza del anterior y se ha convertido en un caldo vulgar. Por tanto, desde ese momento ha dejado de tener una magnífica relación calidad-precio. Cuando lo servimos, vemos que los antiguos colores rojos intensos se han convertido en colores rojizos con reflejos violáceos que dejan ver a las claras su juventud. En nariz destaca la presencia matizada de frutas rojas maduras, de recuerdos especiados, y de toques balsámicos y minerales. En boca es un vino áspero con una acidez equilibrada y con una presencia notable de taninos que están en el límite de lo que sería molesto. Los toques dulces están presentes, pero en una intensidad notablemente menor que en la añada de 2010. Su final es poco persistente. Por todo ello, lo consideramos apropiado para un aperitivo con quesos y embutidos suaves, o para una barbacoa con carnes ibéricas y salchichas alemanas.

Como podéis ver, esta segunda añada nos ha decepcionado enormemente. Si sus creadores han querido abandonar la barrica para confeccionar un vino joven y ahorrar costes nos parece una decisión arriesgada porque los que estábamos enamorados de la añada de 2010 difícilmente consumiremos la de 2011, ya que por el mismo precio no se nos puede dar menos. Sería bueno que se especificaran estas diferencias en las botellas para no llevar a engaño a los potenciales consumidores. El público que busca tintos jóvenes tiene suficiente variedad en el mercado como para elegir, y no hacía falta perjudicar un buen tinto con crianza que es único en su segmento. Por tanto, desde aquí recomendamos que os hagáis con las últimas botellas que puedan quedar de la añada de 2010 antes de que se agoten y hayamos perdido un vino magnífico para siempre.  Lástima que lo bueno dure tan poco.

Salud.

La Movida Laderas 2010, puro bombón de licor

La Movida Laderas 2010. 100% Garnacha. Tinto crianza. Bodegas Maldivinas. Cebreros (Ávila).

Si me llegan a decir hace quince o veinte años que iba a quedar rendido ante un vino de Cebreros o de sus proximidades, hubiera tachado de loco a aquél que se hubiera atrevido siquiera a sugerirlo. En los años de mi adolescencia y primera juventud (a mis 39 me digo que estoy viviendo la segunda juventud, cada uno se engaña como quiere) tuve la ocasión de probar los brebajes que se preparaban en esa zona, y que me niego a llamar vino, gracias a que llegaban a mi ciudad a granel, como lo hacían los que provenían de Cariñena y Valdepeñas. Eran infames, por decirlo con la mayor suavidad posible. Corrían otros tiempos, en los que no se primaba la calidad sino la más absoluta e indecente cantidad. En aquellos momentos en España se consumían muchos más litros de vino per capita que en la actualidad, pero qué vinos. Eran vinachos que no tenían la más mínima calidad y eran perfectos para mezclar con agua o gaseosa. O casi mejor, para desatrancar fregaderos. Algunos podrán decir que nos pasamos en el análisis. A esos críticos simplemente les preguntamos, ¿los probasteis vosotros?  

Pero esos lamentables recuerdos que me han llegado a estremecer y a hacer sentir escalofríos, afortunadamente han quedado congelados en el pasado, porque en estos momentos un grupo de soñadores, entre los que se encuentran Guillermo y Carlos de Maldivinas, están recuperando la zona y convirtiéndola en sinónimo de calidad y de prestigio.

El vino que hoy nos ocupa es un claro exponente de esta entrada por la puerta grande de los vinos de calidad de este lugar enclavado en la provincia de Ávila, que limita con el sureste de la preciosa Sierra de Gredos y con el oeste de la Comunidad de Madrid.

Las vides están en terrenos difíciles, con inclinaciones increíbles en algunos tramos que harían que hasta Spiderman tuviera dificultades para moverse entre ellas.  En esas condiciones es normal que las garnachas resultantes sean bravas. Lógicamente, estas vides no dan grandes cantidades de frutos. Todo unido hace que el precio de la botella se eleve. Las dificultades y la calidad es lo que tienen.

Este vino es impresionante desde su descorche. Cuando pasa de la botella a la copa ya nos está diciendo mucho, la intensidad de sus rojos me recordó a mis espectaculares momentos donando sangre. Puede parecer desagradable lo que estoy diciendo, y seguramente lo es, pero yo lo ví como algo bello, el vino como metáfora de vida. Prometo que estas cosas se me ocurren sobrio. Como iba diciendo, este vino es increíble. Al llevarlo a la nariz los expertos nos dirán que tiene toques minerales y a frutos rojos, y es cierto, pero a nosotros también se nos presentaron toques balsámicos, especiados y a eucalipto. Y, señoras y señores, me pongo de pie para hablar de lo que uno experimenta cuando se lleva este elixir a la boca, con la dificultad que entraña escribir en esta postura. El paladar se nos llena de frutas maduras y ligeros toques torrefactos a los que les siguen, en una explosión y traca final, multitud de notas licorosas que nos sugirieron bombones rellenos de licor. Los que lo probamos íbamos desde el coñac al calvados, pasando por el marrasquino. Eso es lo bonito de las catas, que cada uno dice lo que le parece, y todos tan amigos.

En resumen, este pedazo de vino es una proeza. Es muy equilibrado, a pesar de tanta amalgama de sabores mezclados, y tiene una intensidad golosa y persistente, que como dijo en una ocasión Doreen, «enamora».

Recomendamos que se acompañe de carnes rojas, foie, quesos curados o embutidos ibéricos. También va perfectamente con carnes de cerdo ibérico como el secreto o la pluma.

Enhorabuena a los responsables de esta joya, a los que nos lo recomendaron, y a los que se decidan a probarlo. Prometemos que no se arrepentirán. Y si pasáis por la zona no olvidéis visitar Cebreros y sus alrededores. Seguro que os encantarán estas tierras bañadas por el río Alberche, punto de encuentro entre los antiguos vetones y los carpetanos.

Salud.

Calvente Guindalera Blanco 2011. Sequedad y frescor a partes iguales

Calvente Guindalera Blanco 2011. 100% Moscatel de Alejandría. Crianza en depósito en sus lías finas. Bodegas Horacio Calvente.

A la memoria de Juan Legaza que hizo conocer este vino a Doreen, y que nos ha dejado para siempre. Descansa en paz, amigo.

Aquí estamos de nuevo después de un breve impasse veraniego. Y lo hacemos para recomendaros un excelente vino blanco para estos últimos días de calor que desafortunadamente parece que nos quedan.  Se trata de un vino granadino que hará las delicias de cualquiera que busque un caldo original y lleno de matices para compartir en un día especial con los seres queridos y los amigos.

Al ponerlo en la copa destaca su brillante y bonito tono amarillo suave que al ser servido a su temperatura ideal, a nosotros nos gustó mucho a unos 6ºC, deja unas tonalidades y unos brillos que invitan a degustarlo rápidamente. En nariz nos provoca muchas sensaciones de frescor con preeminencia de matices frutales y florales que nos recuerdan a esos amaneceres cuando el campo está aún mojado por el rocío y desprende toda esa espectacular amalgama de olores frescos que nos reconcilian con el mundo. Cuando lo probamos en boca, al principio notamos su sequedad, que al momento queda atemperada por un gran frescor y un inconfundible sabor a uva moscatel de Alejandría de la que está hecho. El que suscribe también detectó sutiles toques a azahar o a naranja en la parte final de la cata. Es un vino muy equilibrado puesto que se integran a la perfección la sequedad, la acidez y el dulzor que aporta la uva.

Como somos de la opinión de que los vinos hay que acompañarlos siempre de comida para que ganemos en sensaciones y sobre todo podamos beberlos sin que nos hagan daño, creemos que este caldo es  perfecto para cualquier aperitivo de pescado o marisco, así como de foie y quesos fuertes, o para acompañar un buen arroz o un plato de pasta. Pero seguro que a vosotros se os ocurrirán muchas más combinaciones.

Bebiendo este colosal vino nos han entrado ganas de viajar a las tierras de Granada para reencontrarnos con el antiguo reino nazarí y su bella naturaleza, y sentir cantar a los gitanos acompañados de esas guitarras que parecen brotarles de los dedos con esos ritmos flamencos que parten el alma elevándonos a estados de conciencia mágicos. Todo ese universo debe ser increíble mientras nos bebemos una botellita de Calvente Blanco.

Hasta la próxima. Nos vamos a abrir una botella de este gran vino y a releer algunos versos del poeta granadino por excelencia, que en una ocasión llegó a decir, «me gustaría ser todo de vino y beberme yo mismo«. Sí, amigos, el genial Federico García Lorca. A vuestra salud.

PD: Mucha suerte a los que estéis en este momento enfrascados en la vendimia de este año. De vuestro buen hacer resultarán nuestras alegrías futuras. Ánimo.

Treinta mil maravedíes 2010. Garnachas viejas para un vino de ahora

Treinta mil maravedíes 2010. Bodega Marañones. 80% Garnacha, 10% Syrah y 10% Morenillo.  8 meses de crianza con sus propias lías en barricas nuevas y usadas de roble francés y 2 meses más de crianza del ensamblaje en tinos de madera.

Los que nos seguís sabéis que siempre hemos dicho que en nuestro país uno le da una patada a una piedra y sale un gran vino. Eso no siempre fue así en muchas regiones de España. El vino del que hoy os vamos a hablar procede de una de ellas, Madrid. Antaño fue uno de los centros del vino mediocre y «peleón». En la actualidad se encuentra a la vanguardia de los vinos de calidad, plenos de originalidad y buen gusto. Todo un paraíso para los amantes de los vinos modernos y sensuales. Desde hace algunos años los bodegueros y enólogos de las tres zonas vitivinícolas madrileñas han apostado claramente por la calidad de sus vinos en unión con el cuidado del medio ambiente. Esto les ha hecho tener muy presente el cultivo más ecológico recuperando cepas viejas, primordialmente de garnacha, de las que pretenden conseguir pequeñas cantidades de uva de la mejor calidad con las que elaborar grandes caldos. Elogiamos esta decisión de primar la calidad antes que la cantidad para que los que bebemos estos vinos disfrutemos largamente de todas las cualidades que aportan las uvas que han sido mimadas durante todo el proceso. Cuántos casos conocemos de grandes vinos que al conseguir el éxito comercial han bajado su calidad porque el bodeguero de turno ha querido ganar más dinero a costa de perjudicar el vino produciendo una mayor cantidad de uva que obviamente estresa la vid.

El vino que hoy nos ocupa ha sido creado por Fernando García Alonso en la Bodega Marañones de la localidad de San Martín de Valdeiglesias que se encuentra a unos 70 km de Madrid, zona privilegiada cercana a las sierras de Gredos y de Guadarrama. Este lugar fronterizo entre La Comunidad de Madrid, Toledo y Ávila es famoso por poseer un microclima perfecto para el cultivo del vino. Junto a Daniel G. Jiménez Landi y Marc Isart, García Alonso forma parte del triunvirato de creadores Comando G que está intentando rescatar las antiguas garnachas castellanas en estas zonas. Los tres amigos han jugado con el nombre de la serie de animación japonesa que tantos juegos nos procuró durante nuestra niñez, aunque la «G», lógicamente, proviene de «garnacha».30mil Maravidies_

Presenta un color rojo rubí de capa media con poca presencia de glicerina. Al acercárnoslo a la nariz percibimos notas balsámicas, a eucalipto y mentol, y posteriormente toques de vainilla propios de la crianza en madera. En la boca reconocemos sabores a cerezas, frutas negras maduras, compota y café. Es un vino equilibrado y goloso con un portentoso final con ligeros toques minerales y notas a marrasquino.

Es uno de esos vinos que se pueden tomar de igual manera en el aperitivo o a la hora de comer puesto que combina a la perfección con todo tipo de carnes y multitud de tapas. Es perfecto para los amantes del vino y para los que empiezan en este apasionante mundo, porque nunca cansa gracias a su poca acidez y su punto goloso. Creemos que ninguna denominación de origen está empleando de mejor manera la garnacha en España que las bodegas de la D.O. Vinos de Madrid. En ellas se están haciendo vinos delicados, plenos de sabor y equilibrio a partir de una uva recia que hace años daba lugar a vinos bastos que teníamos que sufrir cuando nos dejábamos caer por allí.

Ah, y para los que os estáis preguntando el porqué del nombre del vino os diremos que procede del precio que pagó Don Álvaro de Luna (no el actor que encarnaba al Algarrobo en la mítica serie Curro Jiménez, sino el noble castellano de la familia de Luna que fue Condestable de Castilla, Gran Maestre de Santiago y valido del rey Juan II de Castilla), por la compra del Señorío de San Martín de Valdeiglesias a los frailes del Convento de Santa María.

A los que  no conocéis la Comunidad de Madrid y pensáis que sólo consiste en la capital os recomendamos una visita a la región para acabar con este prejuicio. Descubriréis zonas naturales y pueblos preciosos. Y como no, grandiosos vinos y gastronomía.

Que lo disfrutéis, un saludo de Jason (un guiño para los que hayan sido tan frikis en el pasado como el que suscribe).

Flor d’Albera Moscat Sec 2009. El elixir dorado que sabe a uva

En estos días en los que las buenas gentes de la zona del Ampurdán lo están pasando tan mal debido a los feroces incendios acaecidos en las últimas semanas, que están atacando numerosas zonas forestales incluídos algunos viñedos, queremos hacerles un homenaje. Como es imposible hablar de todas las bodegas y vinos que se elaboran en esta parte del noreste español vamos a personalizar este modesto homenaje en uno de los mejores vinos blancos de la D.O. Empordà, el Flor d’Albera Moscat Sec 2009 de la bodega Martí Fabra de Sant Climent Secebes, al pie de la Sierra d’Albera. 

Se trata de un vino blanco con una crianza de 12 meses en barrica de roble francés que le confiere al vino multitud de matices que le hacen muy sabroso y goloso.

Lo primero que destaca es un intenso color amarillo pajizo que tiende al dorado. En su añada posterior, la de 2010, notamos un color menos dorado y un sabor menos intenso, aunque siempre muy agradable. Cómo se nota un año más en botella.

Al llevárnoslo a la nariz notamos gran variedad de olores a frutas muy maduras, tropicales, y destacando por encima de todo, esas notas a uva moscatel que tanto nos agradan a los golosos. Es lógico que pase esto porque el vino está elaborado con uva Moscat que  pertenece a la familia de la Moscatel.  Pero ahí no acaban los matices, porque cuando ha pasado un ratito y el vino se ha abierto nos deja todas las notas que aporta la crianza en madera.

Pero cuando todo se convierte en sublime es cuando nos llevamos el vino a la boca. Qué apoteosis de sabores, texturas y matices. El vino está perfectamente equilibrado. Aunque se le denomina como «seco», en ningún momento aburre puesto que las notas golosas y dulzonas le aportan un perfecto contrapunto. Perdonadme la cita familiar, pero creo que es muy apropiada. Los integrantes del blog hemos probado este vino en diferentes ocasiones y con distintas personas, pero creo que la frase definitiva sobre el mismo la realizó el padre del que suscribe cuando señaló, aproximadamente, «está muy bien que los vinos tengan sabores a frutas,  a vainilla o a especias, pero este vino me gusta mucho porque sabe a uva». Amigos, es cierto, este portentoso blanco tiene ligeros matices a hierbas, especias o flores, pero a lo que sabe de verdad es a uva moscatel. Contenta por igual a los amantes de las notas más secas y a los enamorados de los matices afrutados y dulzones.  Es el vino perfecto para evitar la eterna discusión entre seco o afrutado a la hora de elegir un vino blanco.

Creémos que este vino es perfecto para tomar a cualquier hora del día o de la noche acompañado de pescados, pastas, patés, foie, quesos fuertes y carnes blancas. Aunque seguro que cuando lo probéis se os ocurrirán mil combinaciones más. Los «expertos» aseguran que se debe tomar a una temperatura de unos 10º. A nosotros nos gusta más a una temperatura inferior. Consideramos que, aunque parezca una locura, gana en matices. En verano, cuando se está a 38º un vino a 10º resulta «caliente». No seamos más papistas que el Papa, please.

No obstante, lo mejor de este vino no es el vino en sí, que es muy rico, sino haber conocido a quien está detrás del mismo, su creador, Joan Fabra. Es un gran tipo. Modesto, a pesar de elaborar grandes vinos de los que esperamos en un futuro no muy lejano poder hablaros. Simpático en su timidez, y buena persona. Es algo curioso, siempre que hemos conocido a un enólogo o a un viticultor ha habido algo que hasta ahora no ha fallado, los más modestos y educados han sido los que mejores vinos hacen, y los que han hablado de si mismos como si fueran los inventores de la penicilina o los descubridores de la electricidad, y de sus vinos como si fueran la génesis de todos los vinos, han hecho caldos aburridos y mil veces repetidos. Joan es de los primeros. No todos sus vinos nos gustan, pero los que nos gustan tenemos que deciros que son sublimes.

Hoy hemos querido homenajear a todos los bodegueros, viticultores, enólogos, agricultores, temporeros y vecinos del Ampurdán a través de un vino de la pequeña bodega Martí Fabra que ha sido, por esta vez, representación de todos ellos. Esperemos que la situación mejore pronto y que estas gentes puedan volver a crear un entorno que favorezca que se sigan haciendo grandes caldos. Tienen todo nuestro apoyo, y seguro que el de nuestros lectores y amigos.

Brindemos por ello con vino ampurdanés. Mucha suerte, amigos.

Salud.

La Chacona Plata 2009. Aspereza de seda

Hoy os presentamos un vino que descubrimos la pasada primavera en un interesante y divertido viaje por la provincia de Cáceres (nos queda pendiente otro por la provincia de Badajoz para completar Extremadura, una de las comunidades autónomas mas bellas de nuestro país). En ese road trip nos deleitamos con la contemplación de un paisaje majestuoso que combinaba las montañas más bellas con campos plenos de verdor y con la dehesa, ese hábitat propio de Extremadura, único en el mundo, que se deja notar en Cáceres,  aunque es en la provincia pacense, es decir, en Badajoz (sí, el gentilicio de Badajoz es «pacense», lo decimos para los que estudiaron durante la Logse y para los que vinieron después, peores aún), donde la dehesa se extiende como un manto en el que se relacionan a la perfección flora, fauna, y hombre. Debe ser un gusto ser un cerdo ibérico o un toro de lidia y pacer por esas tierras. Lo siento, hoy estoy pastoril.

Algunos de los días del viaje los pasamos en la ciudad de Cáceres, y allí, durante un paseo vespertino descubrimos La Abacería, una pequeña tienda de vinos regentada con maestría y simpatía por Cristina. Ésta nos recomendó varios caldos, pero uno de ellos nos caló especialmente. Se trata de La Chacona Plata 2009 de Bodegas La Pelina. Un merlot 100%, de color picota oscura, que nada más servirse huele a moras muy dulces, y que al airearlo comienza a hacer notar aromas a ahumados y a torrefactos. Cuando nos lo llevamos a la boca ésta se inunda de sabores a frutas como ciruelas, picotas o moras, y a moca. Es un vino con muchos taninos, con mucho cuerpo, largo y de final áspero, aunque en ningún momento sobrepasado de acidez. De ahí que digamos que su aspereza es sedosa y muy agradable. Está muy bien indicado para tomar junto a guisos, como la caldereta de cordero extremeña, con carnes rojas e ibéricas, y con barbacoas selectas. Nosotros lo probamos con una barbacoa de carnes ibéricas y nos encantó el maridaje.

Si estos días os vais a dar un homenaje gastronómico carnívoro este vino os irá como anillo al dedo. Y recordad, los tintos con crianza y los reservas mejoran cuando se les descorcha al menos una hora antes de su consumo. Veréis como se abren y están más ricos.

Salud, y a disfrutar.

L’Orni 2011, una delicia en botella

Es verano, y durante estas fechas calurosas apetece beber vinos más frescos y ligeros, pero no por ello de menor calidad. Los que nos conocen sabrán que somos unos enamorados de los vinos rosados, de todos menos de los de aguja, o de esas porquerías lambrusccianas que no hacen sino atacar a nuestra cabeza después de su ingesta.  Estos presuntos vinos deben estar hechos por los fabricantes de analgésicos para hacer negocio, porque a la mañana siguiente hay que vaciar el cajón de los medicamentos si uno desea seguir pareciendo un ser humano. No, amigos, nosotros sólo apostamos por la calidad. En España hay mucha, tanto en la confección de tintos como en la de rosados y blancos. Pero hoy no hablaremos de un vino rosado, sino que os presentaremos un gran vino blanco que es perfecto para soportar la canícula sin renunciar al placer de beber un buen caldo. Y no de gallina, precisamente.

L’ Orni 2011 ha sido creado por la enóloga Marta Pedra en su bodega Vins de Pedra, situada en pleno corazón de la Conca de Barberà, en la provincia de Tarragona. Se trata de un Chardonnay monovarietal de color amarillo pálido, aunque vivaz, que presenta aromas a melón y a pera y a ciertas notas de frutas tropicales. Al llevarlo a la boca notamos la presencia de un vino con mucho toque a fruta pero que no cansa, que nos envuelve y nos lleva a un final largo y muy persistente que provoca no poder dejar de beberlo. Como dirían los castizos, «entra solo». Es, por tanto, un vino muy equilibrado, donde la acidez está perfectamente controlada. Muy bien hecho. Felicitamos a su creadora. Porque nos han asegurado cientos de veces que no tiene nada de crianza en barrica, sino pensaríamos que este vino había visitado la madera, puesto que es un vino graso que se llega a masticar.

Seguramente, combina a la perfección con fideuá o guisos de arroz, de ave o de carnes blancas, pero nosotros lo recomendamos con una buena pasta rellena y bañada ligeramente con aceites de esencias o salsas suaves. Perfecto para una comida o cena de fin de semana con personas que merezcan la pena. Para los que no la merecen ya tenemos los lambruscos.

Salud, y que lo disfruten.