Honoro Vera 2010. El honor fue nuestro

Honoro Vera 2010. Garnacha 100%. 4 meses de crianza en barricas. Bodega Ateca.

El artículo de esta semana versa sobre un vino que nos ha dado muchas alegrías en los últimos meses y una gran decepción en los últimos días. Para conocer la razón de este comentario tendréis que leer el post hasta el final. Esto es lo que se llama en el argot «un cebo». Seremos buenos e iremos al grano que sabemos que el tiempo de cada uno de vosotros es oro.

Comencemos con la parte positiva de nuestra particular cata. Se trata de Honoro Vera 2010, primera añada de este espectacular vino, teniendo en cuenta los poco más de 5€ que cuesta la botella. Lo primero que llama la atención es su intenso color rojo picota con derivaciones granates. El vino tiene una lágrima potente que deja la copa impregnada de toques glicerinosos. Cuando nos acercamos la copa a la nariz se nos abre todo un universo sensorial pleno de matices, entre los que destacan intensos aromas a especias de todo tipo, tanto dulces como picantes, toques a frutas del bosque que evolucionan hacia la compota, y sobre todo, unos increíbles aromas a chocolate, vainilla y café que confluyen en una sensación tostada que aporta la madera. Pero el éxtasis al estilo de Santa Teresa llega cuando nos llevamos el vino a la boca y comienza el flipe (perdonadnos la expresión, pero tenemos que comenzar a abrir mercado). Es un vino muy goloso por su intenso sabor a bombón de chocolate relleno de frutas; es a la vez contundente por sus toques especiados, muy equilibrado y aterciopelado, con una acidez controlada, y la cantidad justa de taninos. Nos deja un final largo e intenso que nos prepara para la siguiente embestida a la copa. Es de esos vinos con los que es dificil no pasarse en su consumo, por tanto moderación oriental, que queremos seguir contando con vosotros como lectores del blog. 

Consideramos que combina perfectamente con carnes a la parrilla, estofadas o asadas, así como con quesos de cabra con pimentón, o foie. Y se nos ocurre que no tiene que estar nada mal con un buen cocido madrileño (o el que sea, según vuestra localización geográfica o gustos).

Por desgracia, no podemos decir lo mismo sobre la nueva añada de este vino, la de 2011. El Honoro Vera 2011 de Bodega Ateca, que forma parte del grupo Oro Wines, no se acerca ni por asomo a la espectacularidad de su hermano mayor. Es un vino joven que ha perdido la crianza del anterior y se ha convertido en un caldo vulgar. Por tanto, desde ese momento ha dejado de tener una magnífica relación calidad-precio. Cuando lo servimos, vemos que los antiguos colores rojos intensos se han convertido en colores rojizos con reflejos violáceos que dejan ver a las claras su juventud. En nariz destaca la presencia matizada de frutas rojas maduras, de recuerdos especiados, y de toques balsámicos y minerales. En boca es un vino áspero con una acidez equilibrada y con una presencia notable de taninos que están en el límite de lo que sería molesto. Los toques dulces están presentes, pero en una intensidad notablemente menor que en la añada de 2010. Su final es poco persistente. Por todo ello, lo consideramos apropiado para un aperitivo con quesos y embutidos suaves, o para una barbacoa con carnes ibéricas y salchichas alemanas.

Como podéis ver, esta segunda añada nos ha decepcionado enormemente. Si sus creadores han querido abandonar la barrica para confeccionar un vino joven y ahorrar costes nos parece una decisión arriesgada porque los que estábamos enamorados de la añada de 2010 difícilmente consumiremos la de 2011, ya que por el mismo precio no se nos puede dar menos. Sería bueno que se especificaran estas diferencias en las botellas para no llevar a engaño a los potenciales consumidores. El público que busca tintos jóvenes tiene suficiente variedad en el mercado como para elegir, y no hacía falta perjudicar un buen tinto con crianza que es único en su segmento. Por tanto, desde aquí recomendamos que os hagáis con las últimas botellas que puedan quedar de la añada de 2010 antes de que se agoten y hayamos perdido un vino magnífico para siempre.  Lástima que lo bueno dure tan poco.

Salud.

El proceso de fermentación del vino

Hoy toca clase de viticultura. Nos centraremos en una de las partes básicas a la hora de crear un vino: el proceso de fermentación. Podríamos definir este proceso como la transformación del zumo de uva en vino.

La fermentación se lleva a cabo en depósitos de acero inoxidable. Existen dos tipos:

Fermentación alcohólica: es el proceso de fermentación del mosto, que consiste en la transformación en alcohol de los azúcares que contiene la uva por medio de la acción de las levaduras que se encuentran diseminadas por el medio ambiente. El producto obtenido, en su mayoría, es alcohol etílico, aunque también se genera dióxido de carbono. Este gas provoca que el vino durante el proceso de fermentación parezca que está hirviendo.

Durante la fermentación se liberan sustancias como el glicerol, el ácido succínico, el ácido acético, alcoholes superiores y muchas más sustancias que pueden influir en la calidad final de un vino. Durante el proceso se producen más de una treintena de reacciones químicas. No es de extrañar que el primero en explicar científicamente este proceso natural fuera Pasteur.

Durante este proceso de fermentación hay que tener en cuenta las variables que afectan al mismo:

– El oxígeno. La presencia de oxígeno favorece el crecimiento de las levaduras. No obstante, la fermentación se desarrolla mejor sin la presencia de éste. Para conseguir el punto perfecto de oxígeno en los vinos tintos se lleva a cabo el fundamental proceso de remontado, que consiste en empujar hacia arriba de las cubas el vino que está fermentando en la parte inferior mediante unas bombas.
La acidez. Una elevada acidez puede provocar efectos perversos como impedir que las levaduras se desarrollen e impidan el nacimiento de bacterias indeseables.
Las sustancias nutritivas. Las levaduras necesitan, además del azúcar, otro tipo de sustancias para llevar a cabo el proceso de fermentación, como son vitaminas, minerales y nitrógeno que suelen encontrarse en el mosto.
Más factores. La presencia de pesticidas en las vides y unas radiaciones ultravioletas muy fuertes pueden alterar el «trabajo» de las levaduras.

A medida que el proceso de fermentación va avanzando se va reduciendo el contenido de azúcar en el vino y va aumentando la presencia de alcohol. De esta manera, las levaduras se van muriendo poco a poco por falta de alimento y el proceso se detiene, obteniéndose un vino seco, sin azúcar. Si uno desea crear vinos más dulces deberá detener la fermentación antes, bien reduciendo la temperatura, bien incorporando alcohol vínico o añadiendo sulfitos.

Es muy importante la función que aporta el alcohol que se ha generado durante la fermentación ya que favorece la precipitación tartárica, proceso por el que se eliminan los derivados del ácido tartárico, que se encuentran en las uvas, para suavizar el vino. Además, la alta concentración de alcohol impide el desarrollo de las levaduras y de microorganismos que pueden atentar contra la calidad del vino. El alcohol otorga al vino aroma y buqué y le transmite fuerza, calor y suavidad. Para que luego digan que el alcohol es malo.

Fermentación maloláctica: se la conoce como fermentación secundaria y es el proceso que se produce tras la fermentación alcohólica. A través de la acción de bacterias se transforma el ácido málico, que se encuentra originariamente en las uvas, en ácido láctico (el típico de las leches fermentadas). Este ácido es menos agresivo que el málico con lo que se consigue suavizar el vino. Este tipo de fermentación es muy importante en cuanto a los vinos tintos, pero no es aconsejable en absoluto para los blancos porque perderían aroma y frescura. Esta fermentación se realiza de manera espontánea tras la alcohólica, alrededor de una semana después de ésta, y se prolongará una semana más.

La fermentación maloláctica provoca una serie de efectos en el vino tales como un ligero aumento de la acidez volátil, una ligera disminución de la acidez total, y pérdida de color.

Como podéis ver, el proceso por el que se crea un vino es complejo y lleno de términos químicos, pero qué es la vida sino una amalgama de procesos químicos. Menos mal que cuando disfrutamos de un buen vino no pensamos en estas cosas y damos rienda suelta a los sentimientos que nos provoca. Es algo parecido a lo que nos ocurre con el amor y con el sexo, si pensáramos que son solamente reacciones químicas apañados íbamos.

Salud.

¡Ponle un corcho!

En esta nueva entrada del blog queremos hacer un homenaje al corcho por la suma importancia que tiene en la conservación de los vinos. Lo hemos titulado «Ponle un corcho» porque nos hizo gracia esa frase aparecida en uno de los diálogos de la película «Érase una vez en América», de Sergio Leone, al menos en su versión doblada. Habrá que revisarla en su idioma original para saber si Robert de Niro le decía realmente eso a James Woods o fue fruto del «ingenio» de nuestros dobladores. Hablamos de  memoria y puede que ésta nos flaquee ya que hace muchos años que no revisitamos la cinta. A lo mejor todo es fruto de nuestra imaginación. Que nuestros lectores cinéfilos nos iluminen.

La función del corcho es conservar el vino en buen estado durante su período de almacenamiento evitando que en él penetren el oxígeno y agentes desagradables como las bacterias y el moho. El corcho se consigue de la corteza del alcornoque, árbol que prolifera en climas suaves que cuentan con muchas horas de sol y humedad. En España los encontramos en gran cantidad en provincias como Badajoz, Cádiz, Málaga, Sevilla y Huelva. También están muy presentes en Portugal. Ambos países son los primeros productores mundiales de corcho. Para que luego digan que no lideramos nada. Un alcornoque necesita unos treinta años para generar corcho y ocho años para regenerarse y volver a darlo. El corcho se obtiene de la siguiente manera: se «pela» la corteza del árbol dando lugar a unas planchas que se dejan secar para que pierdan la humedad y cuando se ha conseguido esto se escaldan con agua caliente para cerrar los poros y obtener una mayor elasticidad. Al término de este proceso se cortan los tapones siguiendo estas directrices: tapones de 49 a 54 mm para los vinos destinados al envejecimiento, y de entre 38 y 44 mm para los vinos jóvenes. Posteriormente, los corchos son lavados y tratados con sustancias como parafinas o aceites para poder ser introducidos en las botellas. Es importante colocar las botellas en posición horizontal para que el vino esté en permanente contacto con el corcho para que éste no se rompa y cumpla perfectamente con la misión que se le ha encomendado. Cuando abramos una botella deberemos fijarnos en que el corcho salga entero. Los corchos de buena calidad serán los que aparezcan enteros, sin grietas y manchados sólo en la zona que ha estado expuesta al vino. Si no ocurre esto habrá que permanecer en guardia ante el estado de conservación del vino.

Los corchos pueden ser:

Naturales: los fabricados de una única pieza. Deben ser uniformes y sin orificios, conocidos como lenticelas. Son ideales para conservar vinos de larga duración, como reserva o gran reserva.
Aglomerados: los fabricados de distintos trozos de corcho unidos entre si por poliuretano. Estos son los utilizados para los vinos espumosos. También se emplean en vinos jóvenes y crianzas.
1+1: son corchos de aglomerado a los que se les coloca un disco de corcho natural en el extremo que va a estar en contacto con el vino. Se emplean para los vinos jóvenes y crianzas.
Técnicos aglomerados o corcho Altec: son corchos aglomerados de última generación, donde el aglomerado está más compactado.
Corchos para vinos espumosos: son los característicos de tipo seta que están confeccionados a partir de un aglomerado de corcho aunque en ocasiones se usan tapones tratados con parafina. En estos corchos aparece un símbolo en la parte inferior que informa del tipo de espumoso que contiene:
– una estrella de cuatro puntas: cavas o vinos elaborados según el método tradicional.
– un rectángulo: vinos fermentados en botella.
– una circunferencia: vinos granvas.
– un círculo relleno: vinos espumosos.
– un triángulo equilatero: vinos gasificados.
Sintéticos: los elaborados con polímeros sintéticos. Este tipo de corcho es muy empleado en vinos jóvenes.
Tapón de rosca: son metálicos y tienen una rosca. Se emplean en los vinos generosos.  Son muy frecuentes en los vinos del «nuevo mundo» desde donde sus «expertos» están intentando convencernos de que son los mejores para la conservación del vino. Afortunadamente, los bodegueros españoles aún no se han vuelto locos y siguen confiando, en su mayoría, en el corcho de calidad para conservar sus vinos. Hasta ahora están «pasando» de las recomendaciones de los «expertos anglosajones» que tanto perjuicio creemos que están haciendo al universo del vino. Con esas ocurrencias se está consiguiendo que la industria del corcho se tambalee en nuestro país. Ay, que diferentes serían las cosas si los alemanes, australianos, británicos, estadounidenses o sudafricanos fueran productores de corcho. Al igual que no permitimos que los italianos nos aconsejen en materias como el jamón y el aceite, porque los nuestros son infinitamente mejores que los suyos, no permitamos que un tipo de Napa nos «aconseje» sobre vinos. ¡Fuera complejos!

Terminamos con un saludo solidario a los productores y trabajadores del corcho que tan difíciles momentos están pasando porque no les sale a cuenta mantener este primordial sector ante los ínfimos precios que se les están pagando. Por el bien de todos, los bodegueros deberían ser más sensibles al respecto y no dejar que el corcho termine desapareciendo de nuestras botellas. Si permitimos esto, qué sera lo próximo, ¿los vinos en botellas de plástico?

Salud.

P.D. Una vez que los corchos hayan dejado de cumplir su función no tienen porqué tirarse a la basura. Aquí os dejamos una idea (aunque no es nuestra*) para que veáis como con un poco de maña pueden ser reutilizados. Vuestros manteles os lo agradecerán.

* La idea no es nuestra pero hemos creado la pieza fotografiada, que conste en acta.

La Movida Laderas 2010, puro bombón de licor

La Movida Laderas 2010. 100% Garnacha. Tinto crianza. Bodegas Maldivinas. Cebreros (Ávila).

Si me llegan a decir hace quince o veinte años que iba a quedar rendido ante un vino de Cebreros o de sus proximidades, hubiera tachado de loco a aquél que se hubiera atrevido siquiera a sugerirlo. En los años de mi adolescencia y primera juventud (a mis 39 me digo que estoy viviendo la segunda juventud, cada uno se engaña como quiere) tuve la ocasión de probar los brebajes que se preparaban en esa zona, y que me niego a llamar vino, gracias a que llegaban a mi ciudad a granel, como lo hacían los que provenían de Cariñena y Valdepeñas. Eran infames, por decirlo con la mayor suavidad posible. Corrían otros tiempos, en los que no se primaba la calidad sino la más absoluta e indecente cantidad. En aquellos momentos en España se consumían muchos más litros de vino per capita que en la actualidad, pero qué vinos. Eran vinachos que no tenían la más mínima calidad y eran perfectos para mezclar con agua o gaseosa. O casi mejor, para desatrancar fregaderos. Algunos podrán decir que nos pasamos en el análisis. A esos críticos simplemente les preguntamos, ¿los probasteis vosotros?  

Pero esos lamentables recuerdos que me han llegado a estremecer y a hacer sentir escalofríos, afortunadamente han quedado congelados en el pasado, porque en estos momentos un grupo de soñadores, entre los que se encuentran Guillermo y Carlos de Maldivinas, están recuperando la zona y convirtiéndola en sinónimo de calidad y de prestigio.

El vino que hoy nos ocupa es un claro exponente de esta entrada por la puerta grande de los vinos de calidad de este lugar enclavado en la provincia de Ávila, que limita con el sureste de la preciosa Sierra de Gredos y con el oeste de la Comunidad de Madrid.

Las vides están en terrenos difíciles, con inclinaciones increíbles en algunos tramos que harían que hasta Spiderman tuviera dificultades para moverse entre ellas.  En esas condiciones es normal que las garnachas resultantes sean bravas. Lógicamente, estas vides no dan grandes cantidades de frutos. Todo unido hace que el precio de la botella se eleve. Las dificultades y la calidad es lo que tienen.

Este vino es impresionante desde su descorche. Cuando pasa de la botella a la copa ya nos está diciendo mucho, la intensidad de sus rojos me recordó a mis espectaculares momentos donando sangre. Puede parecer desagradable lo que estoy diciendo, y seguramente lo es, pero yo lo ví como algo bello, el vino como metáfora de vida. Prometo que estas cosas se me ocurren sobrio. Como iba diciendo, este vino es increíble. Al llevarlo a la nariz los expertos nos dirán que tiene toques minerales y a frutos rojos, y es cierto, pero a nosotros también se nos presentaron toques balsámicos, especiados y a eucalipto. Y, señoras y señores, me pongo de pie para hablar de lo que uno experimenta cuando se lleva este elixir a la boca, con la dificultad que entraña escribir en esta postura. El paladar se nos llena de frutas maduras y ligeros toques torrefactos a los que les siguen, en una explosión y traca final, multitud de notas licorosas que nos sugirieron bombones rellenos de licor. Los que lo probamos íbamos desde el coñac al calvados, pasando por el marrasquino. Eso es lo bonito de las catas, que cada uno dice lo que le parece, y todos tan amigos.

En resumen, este pedazo de vino es una proeza. Es muy equilibrado, a pesar de tanta amalgama de sabores mezclados, y tiene una intensidad golosa y persistente, que como dijo en una ocasión Doreen, «enamora».

Recomendamos que se acompañe de carnes rojas, foie, quesos curados o embutidos ibéricos. También va perfectamente con carnes de cerdo ibérico como el secreto o la pluma.

Enhorabuena a los responsables de esta joya, a los que nos lo recomendaron, y a los que se decidan a probarlo. Prometemos que no se arrepentirán. Y si pasáis por la zona no olvidéis visitar Cebreros y sus alrededores. Seguro que os encantarán estas tierras bañadas por el río Alberche, punto de encuentro entre los antiguos vetones y los carpetanos.

Salud.

Calvente Guindalera Blanco 2011. Sequedad y frescor a partes iguales

Calvente Guindalera Blanco 2011. 100% Moscatel de Alejandría. Crianza en depósito en sus lías finas. Bodegas Horacio Calvente.

A la memoria de Juan Legaza que hizo conocer este vino a Doreen, y que nos ha dejado para siempre. Descansa en paz, amigo.

Aquí estamos de nuevo después de un breve impasse veraniego. Y lo hacemos para recomendaros un excelente vino blanco para estos últimos días de calor que desafortunadamente parece que nos quedan.  Se trata de un vino granadino que hará las delicias de cualquiera que busque un caldo original y lleno de matices para compartir en un día especial con los seres queridos y los amigos.

Al ponerlo en la copa destaca su brillante y bonito tono amarillo suave que al ser servido a su temperatura ideal, a nosotros nos gustó mucho a unos 6ºC, deja unas tonalidades y unos brillos que invitan a degustarlo rápidamente. En nariz nos provoca muchas sensaciones de frescor con preeminencia de matices frutales y florales que nos recuerdan a esos amaneceres cuando el campo está aún mojado por el rocío y desprende toda esa espectacular amalgama de olores frescos que nos reconcilian con el mundo. Cuando lo probamos en boca, al principio notamos su sequedad, que al momento queda atemperada por un gran frescor y un inconfundible sabor a uva moscatel de Alejandría de la que está hecho. El que suscribe también detectó sutiles toques a azahar o a naranja en la parte final de la cata. Es un vino muy equilibrado puesto que se integran a la perfección la sequedad, la acidez y el dulzor que aporta la uva.

Como somos de la opinión de que los vinos hay que acompañarlos siempre de comida para que ganemos en sensaciones y sobre todo podamos beberlos sin que nos hagan daño, creemos que este caldo es  perfecto para cualquier aperitivo de pescado o marisco, así como de foie y quesos fuertes, o para acompañar un buen arroz o un plato de pasta. Pero seguro que a vosotros se os ocurrirán muchas más combinaciones.

Bebiendo este colosal vino nos han entrado ganas de viajar a las tierras de Granada para reencontrarnos con el antiguo reino nazarí y su bella naturaleza, y sentir cantar a los gitanos acompañados de esas guitarras que parecen brotarles de los dedos con esos ritmos flamencos que parten el alma elevándonos a estados de conciencia mágicos. Todo ese universo debe ser increíble mientras nos bebemos una botellita de Calvente Blanco.

Hasta la próxima. Nos vamos a abrir una botella de este gran vino y a releer algunos versos del poeta granadino por excelencia, que en una ocasión llegó a decir, «me gustaría ser todo de vino y beberme yo mismo«. Sí, amigos, el genial Federico García Lorca. A vuestra salud.

PD: Mucha suerte a los que estéis en este momento enfrascados en la vendimia de este año. De vuestro buen hacer resultarán nuestras alegrías futuras. Ánimo.

Treinta mil maravedíes 2010. Garnachas viejas para un vino de ahora

Treinta mil maravedíes 2010. Bodega Marañones. 80% Garnacha, 10% Syrah y 10% Morenillo.  8 meses de crianza con sus propias lías en barricas nuevas y usadas de roble francés y 2 meses más de crianza del ensamblaje en tinos de madera.

Los que nos seguís sabéis que siempre hemos dicho que en nuestro país uno le da una patada a una piedra y sale un gran vino. Eso no siempre fue así en muchas regiones de España. El vino del que hoy os vamos a hablar procede de una de ellas, Madrid. Antaño fue uno de los centros del vino mediocre y «peleón». En la actualidad se encuentra a la vanguardia de los vinos de calidad, plenos de originalidad y buen gusto. Todo un paraíso para los amantes de los vinos modernos y sensuales. Desde hace algunos años los bodegueros y enólogos de las tres zonas vitivinícolas madrileñas han apostado claramente por la calidad de sus vinos en unión con el cuidado del medio ambiente. Esto les ha hecho tener muy presente el cultivo más ecológico recuperando cepas viejas, primordialmente de garnacha, de las que pretenden conseguir pequeñas cantidades de uva de la mejor calidad con las que elaborar grandes caldos. Elogiamos esta decisión de primar la calidad antes que la cantidad para que los que bebemos estos vinos disfrutemos largamente de todas las cualidades que aportan las uvas que han sido mimadas durante todo el proceso. Cuántos casos conocemos de grandes vinos que al conseguir el éxito comercial han bajado su calidad porque el bodeguero de turno ha querido ganar más dinero a costa de perjudicar el vino produciendo una mayor cantidad de uva que obviamente estresa la vid.

El vino que hoy nos ocupa ha sido creado por Fernando García Alonso en la Bodega Marañones de la localidad de San Martín de Valdeiglesias que se encuentra a unos 70 km de Madrid, zona privilegiada cercana a las sierras de Gredos y de Guadarrama. Este lugar fronterizo entre La Comunidad de Madrid, Toledo y Ávila es famoso por poseer un microclima perfecto para el cultivo del vino. Junto a Daniel G. Jiménez Landi y Marc Isart, García Alonso forma parte del triunvirato de creadores Comando G que está intentando rescatar las antiguas garnachas castellanas en estas zonas. Los tres amigos han jugado con el nombre de la serie de animación japonesa que tantos juegos nos procuró durante nuestra niñez, aunque la «G», lógicamente, proviene de «garnacha».30mil Maravidies_

Presenta un color rojo rubí de capa media con poca presencia de glicerina. Al acercárnoslo a la nariz percibimos notas balsámicas, a eucalipto y mentol, y posteriormente toques de vainilla propios de la crianza en madera. En la boca reconocemos sabores a cerezas, frutas negras maduras, compota y café. Es un vino equilibrado y goloso con un portentoso final con ligeros toques minerales y notas a marrasquino.

Es uno de esos vinos que se pueden tomar de igual manera en el aperitivo o a la hora de comer puesto que combina a la perfección con todo tipo de carnes y multitud de tapas. Es perfecto para los amantes del vino y para los que empiezan en este apasionante mundo, porque nunca cansa gracias a su poca acidez y su punto goloso. Creemos que ninguna denominación de origen está empleando de mejor manera la garnacha en España que las bodegas de la D.O. Vinos de Madrid. En ellas se están haciendo vinos delicados, plenos de sabor y equilibrio a partir de una uva recia que hace años daba lugar a vinos bastos que teníamos que sufrir cuando nos dejábamos caer por allí.

Ah, y para los que os estáis preguntando el porqué del nombre del vino os diremos que procede del precio que pagó Don Álvaro de Luna (no el actor que encarnaba al Algarrobo en la mítica serie Curro Jiménez, sino el noble castellano de la familia de Luna que fue Condestable de Castilla, Gran Maestre de Santiago y valido del rey Juan II de Castilla), por la compra del Señorío de San Martín de Valdeiglesias a los frailes del Convento de Santa María.

A los que  no conocéis la Comunidad de Madrid y pensáis que sólo consiste en la capital os recomendamos una visita a la región para acabar con este prejuicio. Descubriréis zonas naturales y pueblos preciosos. Y como no, grandiosos vinos y gastronomía.

Que lo disfrutéis, un saludo de Jason (un guiño para los que hayan sido tan frikis en el pasado como el que suscribe).

Flor d’Albera Moscat Sec 2009. El elixir dorado que sabe a uva

En estos días en los que las buenas gentes de la zona del Ampurdán lo están pasando tan mal debido a los feroces incendios acaecidos en las últimas semanas, que están atacando numerosas zonas forestales incluídos algunos viñedos, queremos hacerles un homenaje. Como es imposible hablar de todas las bodegas y vinos que se elaboran en esta parte del noreste español vamos a personalizar este modesto homenaje en uno de los mejores vinos blancos de la D.O. Empordà, el Flor d’Albera Moscat Sec 2009 de la bodega Martí Fabra de Sant Climent Secebes, al pie de la Sierra d’Albera. 

Se trata de un vino blanco con una crianza de 12 meses en barrica de roble francés que le confiere al vino multitud de matices que le hacen muy sabroso y goloso.

Lo primero que destaca es un intenso color amarillo pajizo que tiende al dorado. En su añada posterior, la de 2010, notamos un color menos dorado y un sabor menos intenso, aunque siempre muy agradable. Cómo se nota un año más en botella.

Al llevárnoslo a la nariz notamos gran variedad de olores a frutas muy maduras, tropicales, y destacando por encima de todo, esas notas a uva moscatel que tanto nos agradan a los golosos. Es lógico que pase esto porque el vino está elaborado con uva Moscat que  pertenece a la familia de la Moscatel.  Pero ahí no acaban los matices, porque cuando ha pasado un ratito y el vino se ha abierto nos deja todas las notas que aporta la crianza en madera.

Pero cuando todo se convierte en sublime es cuando nos llevamos el vino a la boca. Qué apoteosis de sabores, texturas y matices. El vino está perfectamente equilibrado. Aunque se le denomina como «seco», en ningún momento aburre puesto que las notas golosas y dulzonas le aportan un perfecto contrapunto. Perdonadme la cita familiar, pero creo que es muy apropiada. Los integrantes del blog hemos probado este vino en diferentes ocasiones y con distintas personas, pero creo que la frase definitiva sobre el mismo la realizó el padre del que suscribe cuando señaló, aproximadamente, «está muy bien que los vinos tengan sabores a frutas,  a vainilla o a especias, pero este vino me gusta mucho porque sabe a uva». Amigos, es cierto, este portentoso blanco tiene ligeros matices a hierbas, especias o flores, pero a lo que sabe de verdad es a uva moscatel. Contenta por igual a los amantes de las notas más secas y a los enamorados de los matices afrutados y dulzones.  Es el vino perfecto para evitar la eterna discusión entre seco o afrutado a la hora de elegir un vino blanco.

Creémos que este vino es perfecto para tomar a cualquier hora del día o de la noche acompañado de pescados, pastas, patés, foie, quesos fuertes y carnes blancas. Aunque seguro que cuando lo probéis se os ocurrirán mil combinaciones más. Los «expertos» aseguran que se debe tomar a una temperatura de unos 10º. A nosotros nos gusta más a una temperatura inferior. Consideramos que, aunque parezca una locura, gana en matices. En verano, cuando se está a 38º un vino a 10º resulta «caliente». No seamos más papistas que el Papa, please.

No obstante, lo mejor de este vino no es el vino en sí, que es muy rico, sino haber conocido a quien está detrás del mismo, su creador, Joan Fabra. Es un gran tipo. Modesto, a pesar de elaborar grandes vinos de los que esperamos en un futuro no muy lejano poder hablaros. Simpático en su timidez, y buena persona. Es algo curioso, siempre que hemos conocido a un enólogo o a un viticultor ha habido algo que hasta ahora no ha fallado, los más modestos y educados han sido los que mejores vinos hacen, y los que han hablado de si mismos como si fueran los inventores de la penicilina o los descubridores de la electricidad, y de sus vinos como si fueran la génesis de todos los vinos, han hecho caldos aburridos y mil veces repetidos. Joan es de los primeros. No todos sus vinos nos gustan, pero los que nos gustan tenemos que deciros que son sublimes.

Hoy hemos querido homenajear a todos los bodegueros, viticultores, enólogos, agricultores, temporeros y vecinos del Ampurdán a través de un vino de la pequeña bodega Martí Fabra que ha sido, por esta vez, representación de todos ellos. Esperemos que la situación mejore pronto y que estas gentes puedan volver a crear un entorno que favorezca que se sigan haciendo grandes caldos. Tienen todo nuestro apoyo, y seguro que el de nuestros lectores y amigos.

Brindemos por ello con vino ampurdanés. Mucha suerte, amigos.

Salud.

España, paraíso de vinos

Como ya os dijimos en anteriores posts tenemos la intención de explicar conceptos que podríamos pensar que todo el mundo conoce pero que no tiene por qué ser así.  Sabemos que muchos de nuestros visitantes son personas que comienzan sus pasos en este mundo del vino y quieren conocer los aspectos básicos del «mágico» proceso que va desde la vendimia a la botella. Esta serie de posts, que hemos llamado «de servicio público», comenzaron con la catalogación de las variedades de uvas blancas y tintas que podemos encontrar en nuestro país. Hoy continuamos contando cómo se elabora un vino. En posteriores entradas del blog, además de nuestras celebradas críticas de vinos, haremos hincapié en  todos los aspectos relacionados con el universo de la viticultura.

El proceso de creación del vino comienza cuando los viticultores, primando siempre la calidad, desechan durante la vendimia las uvas que están estropeadas o no suficientemente maduras. Las uvas válidas serán las que cuenten con una óptima composición de azúcares, acidez, aromas, pigmentos y taninos. Esta parte la puede controlar el viticultor, pero nunca los factores meteorológicos que pueden tirar por tierra el gran trabajo de un año.

Los vinos de nuestro país

En España encontramos una gran cantidad y variedad de vinos. Nuestro país es en el que se producen más variedades de caldos. Como veis no sólo somos buenos en el fútbol. Estos vinos pueden distinguirse, en primer lugar, por las uvas de su composición, y por otro lado, por la forma en la que se han elaborado. Así, clasificamos los vinos según sean tranquilos o especiales.

Vinos tranquilos
Éstos serían los vinos blancos, rosados o tintos.

Vinos blancos: En su gran mayoría se elaboran con uvas blancas pero, aunque sea inusual, se pueden confeccionar con uvas tintas. Para ello hay que suprimir los hollejos de la uva para que no coloréen el vino. Si maceramos los vinos blancos con los hollejos de uvas blancas conseguimos que tengan más aroma y un color más dorado. En la actualidad se está poniendo de moda la fermentación de los vinos blancos en barrica, algo típico en la Borgoña. Este proceso evita la oxidación del vino y proporciona mayor finura en sus aromas varietales.

Vinos rosados: Estos vinos provienen de uvas tintas que siguen un proceso de elaboración típico de un vino blanco. Se realiza la maceración con sus hollejos pero éstos se retiran durante la fermentación.

Vinos tintos: Siempre se elaboran a partir de uvas tintas. La fermentación se realiza con los hollejos para que aporten todo su poder colorante. Dependiendo de las características de las uvas y de su proceso de elaboración, algunos vinos serán destinados a una maduración en barricas de roble. Este proceso dará lugar a vinos de crianza, reserva y gran reserva. En algunas regiones de España como La Rioja se usa la maceración carbónica a la hora de crear vinos jóvenes. Es una variante al método tradicional.

Vinos especiales
Serían los espumosos, los generosos y muchos otros.

Vinos espumosos: Son los vinos que contienen gas carbónico. Éste puede deberse a una segunda fermentación del vino, o a que es añadido por el viticultor. Según un método u otro, distinguimos entre:

– Método tradicional o champanés: Es el proceso típico de la elaboración de los cavas. Se parte de un vino blanco o tinto al que se lleva a una segunda fermentación en botella. Después se retiran las levaduras muertas (proceso de degüelle), se rellena con un licor, y se comercializa.
– Fermentación en botella: La diferencia con el método tradicional es que las lías o levaduras muertas se eliminan trasvasando el vino a otra botella.
– Granvas: Vinos espumosos cuya segunda fermentación se lleva a cabo en un depósito de acero inoxidable.
– Vino espumoso: Presenta una cantidad de gas creado de forma natural durante la fermentación.
– Vino gasificado: Se le ha añadido gas de manera externa.

Vinos generosos: Son vinos elaborados a partir de un vino blanco de la uva palomino al que se le añade alcohol hasta llegar al 15% vol.

Finos y manzanillas: Son vinos creados por crianza biológica, es decir, por levaduras, mediante la llamada «velo de flor». Así se evita la oxidación y resultan vinos más pálidos. Ambos sólo difieren en que la manzanilla se elabora exclusívamente en la zona de Sanlucar de Barrameda donde la proximidad del mar le otorga unas características propias.
Amontillados: Son vinos generosos a los que se les añade alcohol para matar las levaduras e impedir la crianza biológica. De esta forma su crianza es oxidativa.
Oloroso: Vinos generosos que se encabezan con alcohol y realizan una crianza oxidativa. Tienen más cuerpo, y esto les impide seguir el proceso de los finos.
Palo cortado: Presenta la delicadeza y finura en nariz de un amontillado con la estructura y la redondez de un oloroso. Su crianza es oxidativa.
Cream: Elaborados a partir de mezclar un vino oloroso con uno dulce, como Pedro Ximénez o Moscatel.

Otros Vinos:

Moscatel: Elaborados a partir de uvas de la variedad moscatel pasificadas. Se les añade alcohol y se realiza una crianza en botas de roble.
Pedro Ximénez: Elaborados a partir de uvas de la variedad Pedro Ximénez pasificadas al sol para que tengan más azúcar. Después se crea una pasta con las uvas que es muy complicada de fermentar. El alto contenido en azúcar hace que estos vinos tengan un alto contenido alcohólico.
Vinos tostados: Elaborados de forma parecida a la pasificación pero en lugar de al sol, el proceso se lleva a cabo al resguardo, en lugares cálidos y secos. Típicos de la zona noroeste de España.
Fondillon: Elaborados a partir de uvas de la variedad Monastrell. Se las deja sobremadurar antes de su fermentación, y después  son sometidas a un proceso de crianza de hasta diez años. Son vinos típicos de la zona de Levante.
Mistela: Aunque los metamos en esta clasificación en realidad no son vinos, ya que provienen de la mezcla de mostos sin fermentar con alcohol.

Como podéis observar, somos un país con mucha suerte. Disfrutad de todos estos vinos con moderación y, si puede ser, siempre acompañados de las personas que os hagan felices.

Hasta pronto, amigos.

La Chacona Plata 2009. Aspereza de seda

Hoy os presentamos un vino que descubrimos la pasada primavera en un interesante y divertido viaje por la provincia de Cáceres (nos queda pendiente otro por la provincia de Badajoz para completar Extremadura, una de las comunidades autónomas mas bellas de nuestro país). En ese road trip nos deleitamos con la contemplación de un paisaje majestuoso que combinaba las montañas más bellas con campos plenos de verdor y con la dehesa, ese hábitat propio de Extremadura, único en el mundo, que se deja notar en Cáceres,  aunque es en la provincia pacense, es decir, en Badajoz (sí, el gentilicio de Badajoz es «pacense», lo decimos para los que estudiaron durante la Logse y para los que vinieron después, peores aún), donde la dehesa se extiende como un manto en el que se relacionan a la perfección flora, fauna, y hombre. Debe ser un gusto ser un cerdo ibérico o un toro de lidia y pacer por esas tierras. Lo siento, hoy estoy pastoril.

Algunos de los días del viaje los pasamos en la ciudad de Cáceres, y allí, durante un paseo vespertino descubrimos La Abacería, una pequeña tienda de vinos regentada con maestría y simpatía por Cristina. Ésta nos recomendó varios caldos, pero uno de ellos nos caló especialmente. Se trata de La Chacona Plata 2009 de Bodegas La Pelina. Un merlot 100%, de color picota oscura, que nada más servirse huele a moras muy dulces, y que al airearlo comienza a hacer notar aromas a ahumados y a torrefactos. Cuando nos lo llevamos a la boca ésta se inunda de sabores a frutas como ciruelas, picotas o moras, y a moca. Es un vino con muchos taninos, con mucho cuerpo, largo y de final áspero, aunque en ningún momento sobrepasado de acidez. De ahí que digamos que su aspereza es sedosa y muy agradable. Está muy bien indicado para tomar junto a guisos, como la caldereta de cordero extremeña, con carnes rojas e ibéricas, y con barbacoas selectas. Nosotros lo probamos con una barbacoa de carnes ibéricas y nos encantó el maridaje.

Si estos días os vais a dar un homenaje gastronómico carnívoro este vino os irá como anillo al dedo. Y recordad, los tintos con crianza y los reservas mejoran cuando se les descorcha al menos una hora antes de su consumo. Veréis como se abren y están más ricos.

Salud, y a disfrutar.

L’Orni 2011, una delicia en botella

Es verano, y durante estas fechas calurosas apetece beber vinos más frescos y ligeros, pero no por ello de menor calidad. Los que nos conocen sabrán que somos unos enamorados de los vinos rosados, de todos menos de los de aguja, o de esas porquerías lambrusccianas que no hacen sino atacar a nuestra cabeza después de su ingesta.  Estos presuntos vinos deben estar hechos por los fabricantes de analgésicos para hacer negocio, porque a la mañana siguiente hay que vaciar el cajón de los medicamentos si uno desea seguir pareciendo un ser humano. No, amigos, nosotros sólo apostamos por la calidad. En España hay mucha, tanto en la confección de tintos como en la de rosados y blancos. Pero hoy no hablaremos de un vino rosado, sino que os presentaremos un gran vino blanco que es perfecto para soportar la canícula sin renunciar al placer de beber un buen caldo. Y no de gallina, precisamente.

L’ Orni 2011 ha sido creado por la enóloga Marta Pedra en su bodega Vins de Pedra, situada en pleno corazón de la Conca de Barberà, en la provincia de Tarragona. Se trata de un Chardonnay monovarietal de color amarillo pálido, aunque vivaz, que presenta aromas a melón y a pera y a ciertas notas de frutas tropicales. Al llevarlo a la boca notamos la presencia de un vino con mucho toque a fruta pero que no cansa, que nos envuelve y nos lleva a un final largo y muy persistente que provoca no poder dejar de beberlo. Como dirían los castizos, «entra solo». Es, por tanto, un vino muy equilibrado, donde la acidez está perfectamente controlada. Muy bien hecho. Felicitamos a su creadora. Porque nos han asegurado cientos de veces que no tiene nada de crianza en barrica, sino pensaríamos que este vino había visitado la madera, puesto que es un vino graso que se llega a masticar.

Seguramente, combina a la perfección con fideuá o guisos de arroz, de ave o de carnes blancas, pero nosotros lo recomendamos con una buena pasta rellena y bañada ligeramente con aceites de esencias o salsas suaves. Perfecto para una comida o cena de fin de semana con personas que merezcan la pena. Para los que no la merecen ya tenemos los lambruscos.

Salud, y que lo disfruten.