Pésico 2011. El tinto de Asturias

Coupage de 50% Mencía, 20% Verdejo Negro, 20% Carrasquín, 10% Albarín Tinto. Crianza durante 10 meses en barricas usadas de roble francés. Viticultura biodinámica. 

Pésico 2011Cada vez que acudíamos al Principado y probábamos sus incipientes vinos siempre terminábamos diciendo que la única cosa que le faltaba a Asturias para ser el verdadero paraíso en la Tierra era tener buenos tintos. Ahora podemos decir, queridos amig@s, que eso es ya una auténtica realidad, como demuestra el vino que hoy comentamos.

Se trata de un vino contundente que a pesar de estar a punto de desmadrarse hacia la acidez desmedida da un giro en el último instante para no caer en las garras de la desmesura y arruinarnos su encanto. Tenemos que decir, para ser honestos, que de las personas que lo probamos no gustó a todas debido a su toque áspero.

Al acercar la copa a la nariz percibimos su frescura proveniente de notas mentoladas y a eucalipto y una voluptuosidad muy marcada generada por notas intensas a moras y a ciruelas; todo ello rematado por un alto contenido a especias y una sutil presencia de la madera.

En boca el vino se torna potente debido a unos taninos muy presentes, aunque nunca desagradables, que denotan cierta aspereza. Estamos en el límite, pero la acidez no se llega a descontrolar en ningún momento. La boca se nos duerme en una especie de anestesia  ensoñadora que nos relaja esperando un nuevo sorbo. La presencia de la fruta madura es clara, así como eso que venimos a llamar mineralidad, que no es otra cosa que un lugar común con el que alguien hizo fortuna en alguna cata y que todos usamos sin sentido. Como un conocido dijo una vez: «las piedras no tienen sabor». Rizando el rizo, tenemos que deciros que el vino nos aportó notas de alcanfor. Al que suscribe le recordó al perfume que quedaba en casa cuando era niño y mi madre limpiaba los muebles de madera con un producto «secreto» que olía increíblemente bien. Los recuerdos olfativos no se olvidan nunca.

Recomendamos tomar este vino acompañando carnes rojas, embutidos ibéricos y quesos asturianos y, siguiendo las indicaciones de nuestro amigo Adam de Barcelona Vinos, con una trucha salvaje del Narcea al sarmiento.Pésico 2011

Nos ha sorprendido gratamente este vino porque pensábamos que el clima asturiano no era muy apropiado para la creación de vinos tintos de calidad. Suponemos que la orientación sur que tienen los tres viñedos de los que se obtiene este caldo (Retortoiro, Tebongo y Borracán) ha influído muy positivamente en ese toque cálido y aromático que contiene el Pésico 2011, ya que de esta forma cuenta con muchas horas de sol, imprescindible para madurar las uvas. Cabe destacar que se trata de variedades bastante raras como la Verdejo Negro, la Carrasquín y la Albarín Tinto, que otorgan al vino su carácter auténtico. Reconocemos que eran desconocidas por nosotros hasta el momento que descubrimos este tinto.

Nos hemos enterado de que el autor que firma este vino, Nicolás Marcos, decidió hace algunos años recoger sus bártulos en Toro y establecerse en la zona de Cangas del Narcea para confeccionar los vinos de su bodega Dominio del Urogallo y apostar por la recuperación de viñas casi perdidas. Le está costando lo suyo pero creemos que fue un acierto puesto que en Toro hay muchas bodegas y marcas de vinos y en Asturias el sector está naciendo. Si continúan igual, en pocos años en el Principado podrán presumir de tener grandes vinos. Así lo esperamos.

Salud y buenos vinos, amigos.

La Movida Laderas 2010, puro bombón de licor

La Movida Laderas 2010. 100% Garnacha. Tinto crianza. Bodegas Maldivinas. Cebreros (Ávila).

Si me llegan a decir hace quince o veinte años que iba a quedar rendido ante un vino de Cebreros o de sus proximidades, hubiera tachado de loco a aquél que se hubiera atrevido siquiera a sugerirlo. En los años de mi adolescencia y primera juventud (a mis 39 me digo que estoy viviendo la segunda juventud, cada uno se engaña como quiere) tuve la ocasión de probar los brebajes que se preparaban en esa zona, y que me niego a llamar vino, gracias a que llegaban a mi ciudad a granel, como lo hacían los que provenían de Cariñena y Valdepeñas. Eran infames, por decirlo con la mayor suavidad posible. Corrían otros tiempos, en los que no se primaba la calidad sino la más absoluta e indecente cantidad. En aquellos momentos en España se consumían muchos más litros de vino per capita que en la actualidad, pero qué vinos. Eran vinachos que no tenían la más mínima calidad y eran perfectos para mezclar con agua o gaseosa. O casi mejor, para desatrancar fregaderos. Algunos podrán decir que nos pasamos en el análisis. A esos críticos simplemente les preguntamos, ¿los probasteis vosotros?  

Pero esos lamentables recuerdos que me han llegado a estremecer y a hacer sentir escalofríos, afortunadamente han quedado congelados en el pasado, porque en estos momentos un grupo de soñadores, entre los que se encuentran Guillermo y Carlos de Maldivinas, están recuperando la zona y convirtiéndola en sinónimo de calidad y de prestigio.

El vino que hoy nos ocupa es un claro exponente de esta entrada por la puerta grande de los vinos de calidad de este lugar enclavado en la provincia de Ávila, que limita con el sureste de la preciosa Sierra de Gredos y con el oeste de la Comunidad de Madrid.

Las vides están en terrenos difíciles, con inclinaciones increíbles en algunos tramos que harían que hasta Spiderman tuviera dificultades para moverse entre ellas.  En esas condiciones es normal que las garnachas resultantes sean bravas. Lógicamente, estas vides no dan grandes cantidades de frutos. Todo unido hace que el precio de la botella se eleve. Las dificultades y la calidad es lo que tienen.

Este vino es impresionante desde su descorche. Cuando pasa de la botella a la copa ya nos está diciendo mucho, la intensidad de sus rojos me recordó a mis espectaculares momentos donando sangre. Puede parecer desagradable lo que estoy diciendo, y seguramente lo es, pero yo lo ví como algo bello, el vino como metáfora de vida. Prometo que estas cosas se me ocurren sobrio. Como iba diciendo, este vino es increíble. Al llevarlo a la nariz los expertos nos dirán que tiene toques minerales y a frutos rojos, y es cierto, pero a nosotros también se nos presentaron toques balsámicos, especiados y a eucalipto. Y, señoras y señores, me pongo de pie para hablar de lo que uno experimenta cuando se lleva este elixir a la boca, con la dificultad que entraña escribir en esta postura. El paladar se nos llena de frutas maduras y ligeros toques torrefactos a los que les siguen, en una explosión y traca final, multitud de notas licorosas que nos sugirieron bombones rellenos de licor. Los que lo probamos íbamos desde el coñac al calvados, pasando por el marrasquino. Eso es lo bonito de las catas, que cada uno dice lo que le parece, y todos tan amigos.

En resumen, este pedazo de vino es una proeza. Es muy equilibrado, a pesar de tanta amalgama de sabores mezclados, y tiene una intensidad golosa y persistente, que como dijo en una ocasión Doreen, «enamora».

Recomendamos que se acompañe de carnes rojas, foie, quesos curados o embutidos ibéricos. También va perfectamente con carnes de cerdo ibérico como el secreto o la pluma.

Enhorabuena a los responsables de esta joya, a los que nos lo recomendaron, y a los que se decidan a probarlo. Prometemos que no se arrepentirán. Y si pasáis por la zona no olvidéis visitar Cebreros y sus alrededores. Seguro que os encantarán estas tierras bañadas por el río Alberche, punto de encuentro entre los antiguos vetones y los carpetanos.

Salud.