Maruja Manzanilla Pasada, el vino que hace parar los relojes

100% Palomino de cepas plantadas en suelos calizos de albariza. Envejecido bajo el sistema de criaderas y soleras del Marco de Jerez. Vejez media de unos 15 años.

En este artículo vamos a hablaros de un enamoramiento instántaneo, de un flechazo en toda regla. Los que nos seguís sabéis de nuestro amor incondicional y sin ambages por los vinos generosos del sur de nuestro país a los que ya nos hemos referido en otras ocasiones en Vino y se Quedó. Pues sabed que en los últimos tiempos hemos estado a punto de la “monogamia generosa” con nuestra protagonista de esta nueva entrada del blog, que en realidad es una doble protagonista.

Doble, porque la Manzanilla Pasada Maruja es la prolongación en el tiempo de la Manzanilla Maruja, una absoluta maravilla con la mitad de tiempo de crianza que su vieja hermana que nos puso sobre la pista de la joya que hoy os presentamos. Esta manzanilla es una de las mejores, sino la mejor, entre las clásicas de Sanlúcar, llena de cuerpo, frescura y salinidad. Y es tan buena debido a una mínima filtración y a las pequeñas sacas que se llevan a cabo para proteger la duración del velo de flor.Maruja Manzanilla

Estos dos tesoros serían imposibles sin provenir del lugar del que provienen, Sanlúcar de Barrameda, un paraíso natural de buenas gentes que guarda en sus tierras la esencia de lo que podría ser el cielo en la Tierra. Esa confluencia de tierras privilegiadas para el cultivo de la variedad Palomino, ese Guadalquivir derramándose en el Oceano Atlántico frente a Doñana y esa salinidad que lo impregna todo, son el origen de nuestras queridas Marujas.

Marujeando en el mejor de los sentidos

Sin duda, habría que empezar a cambiar el sentido de esta palabra una vez bebidas estas excelsas manzanillas que son la misma y diferentes, si se nos permite la expresión. La Manzanilla Pasada Maruja es la Maruja pero adulta, con el doble de vejez media y en el final de su ciclo vital con el velo de flor para comenzar a tener destellos de oxidación. Para que todo el mundo lo entienda, es una manzanilla que se está amontillando por el paso de la crianza biológica a la crianza oxidativa. Además, en este calmado viaje ha ganado un gradito alcohólico ciertamente reconfortante con respecto a su hermana.

Maruja Manzanilla Pasada es de un color oro viejo casi ámbar y cuenta con una nariz muy tímida que se deja descubrir pausadamente y con mucha paciencia. Es un reto y un gustazo conseguirlo. Es muy jugosa, con toques cítricos de mandarina y de cáscara de naranja. Nos deja notas de crianza oxidativa que a nosotros nos recordaron a un barco de maderas viejas untadas de brea, justo la misma sensación que cuando visitamos el Muelle de las Carabelas de Colón en Palos de la Frontera y nos introdujimos en aquellos cascarones de nuez flotantes. Toda la fase olfativa está impregnada de sensaciones grasas.

En la boca es un vino muy equilibrado. Su entrada es suave, su paso ligero y su final larguísimo. Es untuoso, salino y posee una acidez marcada. Su postgusto aumenta a medida que uno va salivando. Es un vino que detiene el reloj. Es tal el placer que nos procura que uno se olvida del tiempo y se traslada al fondo de la solera. Esta manzanilla evolucionada nos deja recuerdos amontillados y a ratos nos evoca a un whisky de malta ligero.Maruja Manzanilla Pasada

Hasta este momento la habíamos tomamos sin acompamiento de comida, pero una vez saciados nuestros sentidos vimos que iba de perlas con jamón ibérico, revueltos con huevo, mojama, anchoas, foie y, como no, con tortillitas de camarones.

Juan Piñero, de almacenistas a elaboradores independientes

Las Bodegas Juan Piñero iniciaron su carrera en solitario en 1992 cuando dejaron de ser almacenistas de Argüeso e Hidalgo al comprar una bodega con más de cien años de historia en la emblemática calle Trasbolsa, centro neurálgico de las bodegas de Sanlúcar. Al año siguiente, y tras dejar la bodega en perfecto estado para la crianza de manzanillas de calidad, se hicieron con 1.800 botas de roble americano envinadas y con otras 400 de manzanilla, así como con mostos de Jerez.

Ya tenían el mejor material para lanzarse a la aventura y lo hicieron con tanto éxito que comenzando el siglo XXI le compraron a Pedro Domecq su bodega de la calle Alcoba y sus botas de manzanilla Maruja que rápidamente trasladaron a sus instalaciones de Trasbolsa. Además, Piñero se alió con Ramiro Ibáñez, el rey de la Palomino, que pasó a ser el enólogo asesor de la bodega con el encargo de sacar lo mejor de estas dos maravillas que hoy os hemos acercado. Esperemos que continúen los éxitos y que la calidad de sus manzanillas siga siendo tan alta por el bien de todos los amantes de estos vinazos. Que así sea.

Salud y buenos vinos, amigos.

 

 

 

 

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