Peña el Gato Natural 2014: zumo de Garnacha fermentado

100% Garnachas viejas de un viñedo único de 70 años plantado en laderas a una altura de 650 m. sobre el nivel del mar. Viticultura ecológica. Vendimia manual. Crianza de 10 meses en barricas de roble francés de 500 litros. Vino natural. Producción limitada a 660 botellas. 

Hoy queremos presentaros un vino espectacular que destaca por varias razones, la primera es que es un vino natural limpio hasta decir basta que deja en muy mal lugar a esos esnobs del universo vinícola que en cuanto aparece un productor (si encima es francés o italiano ya ni os contamos) que dice que elabora vinos naturales y que por eso es normal su olor a establo o a palo de gallinero porque él es un guarro al que sus vinos le huelen y le saben así, se suben al carro y nos machacan desde su imbecilidad congénita para que los demás también nos subamos al carro de esta mentira absoluta.

Pues bien, negamos la mayor, y desde Vino y se Quedó nos declaramos en guerra contra esos memos que van haciendo el ridículo por donde pasan repitiendo ese axioma. Serían capaces de defender cualquier gilipollez si ésta fuera pronunciada por los malditos gurús del vino. Basta ya.

Peña el Gato Natural 2014

La segunda razón por la que este vino es ejemplar es por la persona que lo ha elaborado, Juan Carlos Sancha, un reputado vitivinicultor riojano y eminente catedrático de Enología en la Univeridad de La Rioja donde ha desarrollado el Proyecto de Investigación de recuperación de variedades minoritarias autóctonas de la D.O.Ca. Rioja junto al catedrático de Viticultura Fernando Martínez de Toda. Éste y otros proyectos enológicos lo han catapultado hasta ser considerado toda una referencia mundial en el sector en cuanto al archivo genético de las distintas variedades de uva.

Bebiendo Peña El Gato Natural 2014

La razón más importante de todas es el vino en si. Lo primero que hicimos en Vino y se Quedó fue probar este vinazo en un día fruta para conseguir su máxima expresión aromática y gustativa. Y a fe que lo conseguimos porque el vino es una maravilla que se bebe sólo y que entra en el cuerpo como si fuera un zumo pero que al levantarte notas que de eso nada, que es todo un señor vino con 15% de volumen alcohólico.

En la copa es un vino brillante de color púrpura que no deja ver sus meses de crianza por ningún lado. Gran lágrima que mancha a discreción el cristal con una capa glicerinosa. Tiene una nariz ligera y, como ya os dijimos, tan limpia que cuesta trabajo pensar que no lleve nada de sulfuroso; dan ganas de ir al laboratorio a comprobarlo. Si no fuera un vino de Juan Carlos Sancha a lo mejor lo hubiéramos hecho pero conociéndole, confiamos en la rectitud del elaborador.

En boca es fruta pura destacando sobremanera unas vivísimas fresas silvestres que nos hacen sentir un buen rollo inmenso. Además se dejan sentir unas notas balsámicas que combinadas con una acidez perfecta y un músculo notable provocan que uno no pare de beber esta joyita de la enología. Un vino auténtico que marca un ejemplo a seguir.

Unas pinceladas sobre el autor y sobre su proyecto

El origen de este vino, así como de todos los tesoros que esconde Juan Carlos en su bodega, está en la localidad riojana de Baños de Río Tobía, ubicada en La Rioja Alta en uno de los parajes más fríos y difíciles para el cultivo de la vid de este paraíso de la uva. El vitivinicultor posee cinco hectáreas y media de viñedos propios en la zona del valle del río Najerilla.

El maestro Sancha, tipo afable y más majo que las pesetas, con el que hemos aprendido mucho en sus catas magistrales, ha recuperado variedades autóctonas en estos últimos años como la Maturana Tinta y la Tempranillo Blanco que podemos disfrutar en sus afamados vinos Ad Libitum. También ha experimentado con variedades minoritarias como la Maturana Blanca que está recuperando.

Con vinos así de honestos y creados por tipos auténticos que no se pavonean por ello como hacen otros que elaboran verdaderas birrias y parece que han inventado el mundo, da gusto escribir, aunque lo que más gusto da es beber sus creaciones en buena compañía. Lástima que salgan al mercado tan pocas botellas de este Peña El Gato Natural 2014, pero es que de lo bueno, por lo general, siempre hay poco.

Salud y buenos vinos, amigos.

 

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